| Blue Öyster Cult |
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| Lugar: Casilla, pabellón de la (Bilbao) |
| Asistencia: |
Entrada: |
| Organizadores: Clip Promotores |
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YEAH! Blue Oyster Cult a todo volumen
·INTRO
En la llegada nacional del aeropuerto de Barcelona, unos personajes con pinta de músicos cansados esperaban ser cargados en
los vehículos que iban a llevarles al hotel y más tarde a una sala en la que una masa de superexcitados espectadores les
exigirían una de las descargas sónico-violentas más increíbles que nunca he presenciado. Pero la verdad sea dicha, cuando me
metieron casi encima de Donald (Buck Dharma) Rooser, "el pequeñito, camino de la city, atravesando las pestes horrísonas de
la autovía de Castelldefels no lo hubiera imaginado. Me resistía a creer que aquellos fueran los Blue Oyster Cult.
En el Hotel Cólon, frente a la agunja de la Catedral, que había maravillado a Donald, buscamos al hombre de la capa, al
leather-man, karateka y casi líder del grupo. Amable y simpáticamente, con una facha muy middle-american, jeans y t-shirt
naranja, y eso sí, las eternas gafas negras, sólo nos pidió un momento para subir a la habitación.
·CARA A CARA CON ERIK "PUNK" BLOOM
Salimos con Eric del hotel a media tarde. A la búsqueda de cualquier sitio donde pudiera comer algo. Atravesamos la zona de
la catedral, la plaza del Ayuntamiento hasta la calle Fernando. Allí conseguimos que le hicieran una tortilla con jamón. Con
unos gin-tonics seguimos la conversacion de la calle.
ERIC: ... para escaparme de la música, de su obsesión, colecciono monedas, busco los lugares de buena comida y me dedico a
las motos. Como vivo en Long Island, en moto es la forma mas fácil de viajar a NY. Ahora quisiera conocer un poco de
Barcelona, tener tiempo libre, pero mañana seguimos a Suiza.
La imagen del duro, del punk agresivo se desdibuja poco a poco. ¿Qué pasa con esa imagen en la realidad?
ERIC: En primer lugar es incómodo andar vestido de esa manera; en segundo lugar, perdería mi libertad. En los sitios donde
el grupo es conocido, no tendría momento de descanso. Y no sería verdad. La imagen que damos es una fantasía. No es cuestión
de hacer creer que es una realidad. Simplemente es una fantasía para entretener al público.
Entonces ¿esa fantasía es irreal, prefabricada?
ERIC: De ningun modo. Cuando yo tenía 12, 13 años, veía a los punks inmensos, vestidos de cuero, peinados con brillantina
y sobre unas motos y pensaba, "Dios santo, they are tough, man" (Son duros, pesados). Y lógicamente yo no los podría imitar.
Ahora tampoco lo hago en la vida real, pero ese sueño, actúo esa imagen en el escenario. Y puedes creerme, que en ese momento
yo soy un duro. Hago realidad una represión y creo que el público cuando delira con nosotros es porque ellos también se
proyectan en esa imagen y la viven con nosotros.
¿Y cuál es la historia del grupo, de dónde sale esa imagen?
ERIC: Es una larga historia. Pero para resumirla, te diré que tuvimos dos intentos fallidos, dos nombres antes de llegar a
BOC. Elektra nos rechazo en ambas ocasiones. Y allí estábamos, sin un dólar en el bolsillo y desesperados. Trabajamos en un
bar de greasers (gente de gasolineras, motoristas locos) en la autopista de Long Island. Un lugar de gente jodida.
Tocábamos de 9 de la noche a 1; 6 días a la semana. Y a esa gente la única posibilidad era darle marcha, sacudirla, que
bailaran a gusto. Tocábamos cualquier pieza fuerte... de los Stones, de Sly. No podíamos repetir nada y esto de 9 a 1 cada
día. Y tuvimos éxito con esa gente. En la autopista se empezó a ccorrer la voz que había un grupo de rock duro y esa gente
nos venía a ver. Allí las peleas eran muy comunes. Había tipos que sólo iban a buscar pelea. Y un día tocábamos "Street
fighting Man" y empieza una pelea y literalmente tocamos al compas de los golpes. Y allí nos dimos cuenta de cúal era la
imagen que necesitábamos y que ya habíamos integrado: la imagen de la violencia. Desde entonces hemos trabajado con esa
imagen. Y también para resumir, un promotor fue a vernos; tuvimos que ponerle nombre al grupo en un abrir y cerrar de ojos y
nos transformamos en BOC.
¿El nombre tiene algún significado especial?
ERIC: Ninguno. Es el título de un poema de un amigo. El nos dio el nombre. No nos gustó al principio, pero lo
necesitábamos, no teníamos otro y ese mismo día teníamos que ir a la casa de discos. Se le puede sacar cualquier
significado.
¿Con qué grupos te identificas más?
ERIC: En USA a nosotros nos llaman el Black Sabbath intelectual, dicen que hacemos la misma clase de música pero de forma
mas inteligente. Y somos muy amigos de la gente de Deep Purple, de Golden Earring, de Kiss. Pero creemos que somos quienes
somos y nada más. Ahora nuestro objetivo es ampliar nuestra base de público y llegar al medio millón de discos de venta. Eso
representa un gran desafío, pues podemos correr el riesgo de destrozar nuestra imagen. Tenemos que cambiarla muy sutilmente
para que dé cabida a un mayor espectro de gente, pero al mismo tiempo, debemos conservarla tal cual es. Hace dos años que no
grabamos, tenemos mucha material nuevo. Habrá cambios pero de la forma que he apuntado y con esos objetivos en mente.
Nos dijeron que en Madrid tuvisteis algunas sorpresas con los críticos...
ERIC: Así es. Una y otra vez, nos hicieron preguntas políticas. Si no representábamos el fascismo imperialista yanqui, si
no sabíamos que había niños que morían de hambre en Biafra o Vietnam. Un disparate. Al principio, no entendiamos nada. Far
out, man. Qué mal trip tiene esa gente. Y nos quedamos medio cortados. Tendríamos que haberles contestado como punks de
verdad: que si nos pagaban lo suficiente, iríamos a tocar a Biafra, etc. Pero no lo hicimos. Tratamos de explicar que sólo se
trataba de un espectáculo, de entertaining. No creo que lo hayan comprendido. El público sí que comprendió porque fue
fantástico tanto en Bilbao como en Madrid. Y eso es lo único que te importa cuando estás en el escenario. Realmente estamos
todos muy sorprendidos con España. Creíamos que nadie nos conocía, que nuestro rollo sería muy ajeno. Así que esta sorpresa
ha sido muy agradable. Esperamos volver. Los críticos son historia aparte. Quieren ser singulares; se creen con la obligación
de serlo y en ese intento, las más de las veces se alejan de la realidad. En nuestro caso, la realidad es la comunicación con
el público. Hacerlos disfrutar. Integrarlos en nuestra imagen y vivir juntos durante hora y media esa fantasía. Eso es
todo.
Y emprendimos el regreso al hotel. Ya eran más de las 6 y Eric debía descansar un rato y partir a Pueblo Nuevo. Quedamos en
encontrarnos en la fiesta del Crac's después del concierto. Había que reponerse de esas copas a la tarde, de esa larga
conversación y llegar a tiempo a la cita.
·LA ALIANZA DEL POBLE... EAST
Lo que pudiera ser el "Fillmore East" de Barcelona, el Casino de la Alianza del Poble Nou, aparecía rodeado de fascinantes
especímenes gesticulantes, apiñados ante una puerta que no se abría, acumulando adrenalina y mala leche, lo que se dice
haciendo boca para la noche. Con los hábiles trucos que el oficio enseña conseguimos entrar por una puerta lateral que nos
dio acceso a un teatro vacío de público en el que unos competentes y profesionales roadies trabajaban, sin prisas pero sin
pausas, en la instalación del complicado tinglado que compone el show de B.O.C. Dos enormes camiones llenos de material hasta
los topes, debían tomar forma en el escenario, nada podía fallar y los roadies exigían trabajar tranquilos por lo que no
querían que se dejara entrar a la gente. Pero debido al retraso de uno de los trucks, Victor Grau se vio obligado a abrir las
puertas al público, que asistió a la instalación amenizada por la buena música amplificada por el equipo de voces de los
Cult.
·"ON YOUR FEET OR ON YOUR KNEES, HERE THEY ARE, FROM N.Y.C. THE AMAZING BLUE OYSTER CULT"
Boooom!!!!!, Dos llamarazos salieron de la oscura boca del escenario al tiempo que Donald "Buck Dharma" y Eric empezaban el
"shaka-shak" que habría de arrastrarnos por los suelos de ciudades imposiblemente monstruosas durante casi dos horas. Un rock
simple, los acordes básicos, quizá lo que algunos aficionados sofisticados e inteligentes críticos les echaron en cara, los
fueron repitiendo limpia y claramente durante un atroz viaje por las profundidades de metrópolis chirriantes y caos
infinitos. Su símbolo corrobora esa impresión, la letra griega del Kaos. Pero la ejecución era perfecta, el espectáculo
estaba montado exactamente para dar al público lo que quería, los movimientos de Bloom, no en balde practicó las artes
marciales durante dos años, eran el contrapunto a las degeneradas evoluciones del batería Albert Bouchard o a la imagen
chabacana de Donald, vestido de blanco sacando a su guitarra los sonidos mas feos que se puedan imaginar. Es en este punto en
el que yo me pregunto si esta imagen puede ser tildada de fascista, porque pienso que la violencia no es una prerrogativa del
fascismo. Pero hay quien todavía espera del rock un simple complemento ambiental y se agarra a derivaciones prostituidas que
no le aportan nada más que eso...
Llevábamos casi una hora de concierto y parecía que iba a ser imposible sorprendernos. Pero cuando Eric comenzó a chillar
"Submission" y todos puestos en pie parecían abalanzarse sobre el escenario, el éxtasis colectivo alcanzó las cotas más altas
que recuerde, poco importa ahora la perspectiva que pueda diluir el acontecimiento, había que estar allí y haberlo vivido y
no sirve tampoco la excusa de que aquello no era más que volumen sónico. ¿Qué grupo no tiene hoy en día un buen equipo de
sonido? Se fueron pero volvieron y acabaron con la mítica pieza de Steppenwolf, "Born to be wild" el himno premonitorio de
esta década, que los BOC han sabido encontroar y del que sólo ellos pueden honradamente apropiarse.
Como correspondiendo a su imagen de punks machacones, al final algún fan acérrimo les robó buena parte de su equipo, abrigos
y otras sutilezas. Nada que decir, que le aproveche si no lo han cogido, si lo enchamparon "take it easy boy, and don't
care".
·FIN DE FIESTA
Cuando llegamos a Caldetas, los músicos ya estaban en el snack-bar con algunos amigos. Seguían hambrientos. Uno de ellos
tenía cerveza, huevos fritos con tocino y chocolate con churros delante suyo. Eric enseñó a sus compañeros a comer churros.
Tuvieron éxito. Pero los camareros no daban crédito a sus ojos. Cuando bajamos a la boite, todos nos dispersamos entre el
público. Me encontré con Eric. Estaba muy contento con el público de Barcelona. "Son tan punks como nosotros, man, así
vale la pena tocar. El lugar nos quedó pequeño, tuvimos problemas eléctricos pero valió la pena. Ahora espero que los
críticos no nos traten de fascistas, imperialistas o algo así", dijo Eric con una sonrisa. Y le conté que a mí
personalmente me había parecido un espectáculo realmente democrático; había habido una integración del público con la imagen;
ese público había participado. "Esa es la idea, el objetivo, dijo Eric, y cuando lo logramos, hemos cumplido. Y lo
sabemos. En las tres presentaciones españolas hubo participación. Nos podemos ir contentos." Después de unas copas y de
intercambios de direcciones, promesas de futuros encuentros, envíos de estas lineas, Eric fue el primero en largarse porque
estaba verdaderamente cansado; no había groupis catalantes que le pudieran hacer cambiar de opinión y regresó a Barcelona.
Sus compañeros se quedaron hasta el final, deambulando, tomando las últimas copas de una larga noche.
Jose María Martí y Marcelo Covián. (Vibraciones nº 15, Diciembre de 1975)
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